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El fascinante mundo de las medusas
Las medusas son organismos marinos que han habitado la Tierra por más de 500 millones de años, mucho antes de que aparecieran los dinosaurios. Pese a su apariencia frágil y su simplicidad estructural —no tienen cerebro, corazón ni esqueleto— han logrado adaptarse a una enorme variedad de ecosistemas marinos. Su cuerpo está formado en más de un 95 % por agua, lo que les da esa forma translúcida y etérea que las hace inconfundibles.

Aunque parecen simples, cuentan con células sensoriales, nerviosas y musculares, lo que les permite moverse y responder a su entorno. Son parte del filo Cnidaria y se agrupan en clases como las escifomedusas (las “verdaderas” medusas), las cubomedusas, las hidromedusas y las estauromedusas.
Un ciclo de vida sorprendente
El ciclo de vida de las medusas alterna dos etapas:
· La fase pólipo, en la que viven fijas al fondo marino y se reproducen asexualmente.
· La fase medusa, libre y reproductora sexual.
Las medusas comunes (escifozoos) presentan un ciclo de vida que alterna entre dos fases: una sexual y otra asexual. En la fase sexual, las medusas liberan gametos que, tras la fecundación, dan origen a una larva denominada plánula. Esta se adhiere a una superficie firme y se convierte en un pólipo. Posteriormente, el pólipo se reproduce de manera asexual a través de la estrobilación, generando pequeñas formas llamadas éfiras. Con el tiempo, estas éfiras crecen y se transforman en las medusas adultas que conocemos.
Algunas, como Turritopsis dohrnii, son capaces de revertir su ciclo, regresando de medusa a pólipo, lo que las hace prácticamente “biológicamente inmortales” (Vidal-Martínez et al., 2025).

Imagen. Néstor A. Sánchez-Guillén. (2021). Reproducción de las medusas.
En la costa yucateca se han documentado varias especies que muestran la riqueza biológica de estos organismos:
· Cladonema radiatum
Una pequeña hidromedusa registrada en la laguna costera de Chelem. Investigaciones recientes han identificado rasgos morfológicos nuevos, como papilas gelatinosas y disposición específica de cnidocistos, contribuyendo al conocimiento de la biodiversidad del Golfo de México (González-Gutiérrez et al., 2024).
· Cassiopea xamachana (medusa invertida)
Habita manglares y aguas tranquilas de Yucatán. Vive “al revés”, apoyada en el fondo con la umbrela hacia abajo y los tentáculos hacia arriba para recibir luz y alimentar a las algas simbióticas (zooxantelas) que viven en sus tejidos. Su picadura es leve, pero es un modelo de estudio sobre simbiosis marina (Morales-Morales, 2023).
· Carabela portuguesa (Physalia physalis)
No es una medusa verdadera, sino un sifonóforo colonial. Cada temporada de vientos del norte llega a playas como Progreso, Celestún y Dzilam, arrastrada por las corrientes. Su color azul brillante y su “vela” flotante son llamativos, pero sus tentáculos contienen toxinas que causan dolor intenso en humanos (SEMARNAT, 2023).
Además, estudios recientes en Bocas de Dzilam registraron nueve especies de hidromedusas, ampliando el catálogo de cnidarios para el Golfo de México (Sandoval-Vargas et al., 2024).
Su papel ecológico
Las medusas son consumidores clave en la cadena alimentaria marina. Sirven de alimento a peces, tortugas y aves marinas. También son indicadores ambientales, pues su abundancia puede reflejar desequilibrios como la sobrepesca o la contaminación.
En Yucatán, su presencia tiene dos dimensiones:
· Como parte natural de la biodiversidad costera que aporta valor científico y turístico.
· Como organismos que pueden ocasionar problemas a pescadores y bañistas, especialmente especies urticantes como la carabela portuguesa.
Aplicaciones científicas y médicas
Algunas medusas producen compuestos bioactivos con potencial en medicina, como analgésicos o antimicrobianos. Además, especies como Aequorea victoria han sido clave para el desarrollo de la proteína verde fluorescente (GFP), utilizada en investigaciones sobre cáncer y enfermedades neurodegenerativas (Shimomura et al., 1962).
En la Península de Yucatán, medusas como Cassiopea podrían ser fuente de estudios sobre biología simbiótica y compuestos bioactivos aplicables a la biotecnología marina.
Un linaje antiguo y aún por explorar

Observar a las medusas en las aguas de Yucatán es asomarse a un linaje que ha resistido el paso del tiempo. Desde las diminutas hidromedusas en lagunas costeras, hasta las vistosas carabelas portuguesas arrastradas por las corrientes, todas son parte de un mundo marino complejo y fascinante, aún con muchos secretos por revelar.
· Ahuatzin-Hernández, J. M., Sandoval-Vargas, J. M. & Vidal-Martínez, V. M. (2025). El fascinante mundo de las medusas. Ecofronteras, 29(84), 7–11.
González-Gutiérrez, C., & García-Mendoza, D. (2024). Variabilidad morfológica de Cladonema radiatum en Yucatán. Revista de Biología Tropical, 72(1), 55–64.
· Morales-Morales, F. (2023). Simbiosis marina en Cassiopea xamachana. Revista Mexicana de Biodiversidad, 94(2), 201–210.
· Sandoval-Vargas, J. M. et al. (2024). Registro de hidromedusas en Bocas de Dzilam, Yucatán. Revista de Zoología del Golfo de México, 12(3), 145–153.
· Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). (2023). Informe de recale de carabelas portuguesas en playas de Yucatán. Boletín Oficial.
· Shimomura, O., Johnson, F. H., & Saiga, Y. (1962). Extraction, purification and properties of aequorin, a bioluminescent protein from the luminous hydromedusa Aequorea. Journal of Cellular and Comparative Physiology, 59, 223–239.








