El gran ecosistema marino del Golfo de México

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Autor: Rafael Rojas Herrera, Diana Cabañas Vargas, Erick Aguilera Cauich y Mariana Martín López

Facultad de Ingeniería Química. Universidad Autónoma de Yucatán.

Los grandes ecosistemas marinos (GEM) son áreas específicas que incluyen zonas de alta biodiversidad, importantes procesos ecológicos y productivos y suelen estar expuestos a presiones ambientales y antropogénicas significativas. Este concepto, desarrollado por la comunidad científica internacional, se utiliza para gestionar y conservar de manera sostenible los recursos naturales marinos y costeros a gran escala. Entre estos GEM se encuentra el Gran Ecosistema Marino del Golfo de México (GEMGM) formado por el Golfo de México (GM) y sus áreas costeras adyacentes.

El GM es una cuenca oceánica semicerrada de gran relevancia geográfica, social, económica y ecológica. Está rodeado por Estados Unidos (al norte y este), México (al oeste y sur) y Cuba (al sureste). Abarca aproximadamente 1.5 millones de km². Se conecta al océano Atlántico a través del Estrecho de La Florida y al mar Caribe a través del Canal de Yucatán. La plataforma continental se amplía en la parte estadounidense y mexicana, con una profundidad que varía entre los 50 y 200 metros. La parte más profunda del GM es la Fosa de Sigsbee, alcanzando los 4,384 metros. Se estima que el golfo se formó hace unos 150 millones de años, durante la fragmentación de Pangea. Su clima varía entre tropical en las áreas más cercanas al ecuador, y subtropical en las zonas norte y este. Es una región propensa a huracanes, especialmente entre junio y noviembre, cuando se forma la mayoría de estos fenómenos en el Atlántico. Recibe importantes aportaciones fluviales de los ríos Mississippi, Bravo y el Grijalva-Usumacinta, principalmente, los que arrastran grandes cantidades de sedimentos, nutrientes y contaminantes. 

El GM es una región económicamente estratégica para México y los Estados Unidos, tanto por sus recursos energéticos como por la actividad pesquera, turística y comercial. Varias ciudades costeras de estos países dependen en gran medida de su acceso al golfo. Es una de las regiones más importantes del mundo en cuanto a la producción de petróleo y gas natural, con una gran cantidad de plataformas petroleras en la región. En la pesca comercial destacan la captura de camarones, atún y merluza, entre otras.

Las zonas costeras del GM son áreas de gran diversidad ecológica y socioeconómica, caracterizadas por su compleja interacción entre tierra y mar. Estas zonas tienen características particulares que varían dependiendo del país y la región, pero comparten varios rasgos importantes como:

  1. Playas y áreas turísticas populares, especialmente en México y el sur de los Estados Unidos.
  2. Marismas y humedales, que son ecosistemas clave para la biodiversidad y funcionan como filtros naturales para la contaminación.
  3. Deltas y estuarios de ríos como el Mississippi, el Bravo y el Grijalva-Usumacinta, que son zonas de alta productividad biológica y biodiversidad, además de constituir áreas de transición cruciales entre el agua dulce y salada.
  4. Manglares, que proporcionan protección contra la erosión costera, además de servir como hábitats para muchas especies.

Los manglares cubren entre 140,000 y 150,000 km² en las zonas costeras de alrededor de 120 países y territorios tropicales y subtropicales, siendo más abundantes en el sudeste asiático, América Latina, el Caribe, África y Oceanía. México posee aproximadamente 8,500 a 9,000 km² de manglares, siendo uno de los países con mayor cobertura de manglares en el mundo. De esta superficie, entre el 60 y 70% se concentra en la región del GM y el Mar Caribe, mientras que el resto se encuentra en las costas del Pacífico. En el GM los manglares cubren una superficie estimada de entre 5,000 y 6,000 km², concentrados principalmente en los estados de Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán. La región de la Península de Yucatán es particularmente rica en manglares.

Los manglares costeros del GM son hábitats ricos que albergan una variedad de especies de peces, crustáceos, insectos, mamíferos y aves, muchas de las cuales son migratorias. Sus raíces ayudan a estabilizar el suelo y proporcionan refugio a muchas especies juveniles a la vez que actúan como filtros, reduciendo la sedimentación y la contaminación de las escorrentías antes de que lleguen al mar.

Estos bosques son cruciales para proteger las costas de la erosión y los huracanes, absorbiendo gran parte de la energía de las olas y formando una barrera entre el mar y la tierra. Sin embargo, la deforestación, el desarrollo costero y la contaminación ponen en riesgo su salud y supervivencia.

Los sedimentos de los manglares juegan un papel crucial en el secuestro de carbono debido a su capacidad para almacenar grandes cantidades de carbono orgánico durante largos períodos de tiempo. El proceso funciona de la siguiente manera:

Primero los manglares, a través de la fotosíntesis, capturan dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera y lo convierten en biomasa, como hojas, raíces y troncos. Parte de este carbono queda almacenado en la planta. Posteriormente, cuando las hojas, raíces o ramas mueren, una parte de este material orgánico se deposita en los sedimentos del manglar. Además, las mareas traen y depositan materia orgánica adicional que se incorpora a los suelos. Por último, los microorganismos que habitan los sedimentos de los manglares son muy eficientes en descomponer esta materia orgánica y almacenar el carbono. Gracias a las condiciones anóxicas (falta de oxígeno) en los suelos saturados de agua, la descomposición de la materia orgánica es lenta, lo que permite que el carbono quede atrapado en los sedimentos durante miles de años, convirtiendo los manglares en sumideros de carbono a largo plazo.

Por otro lado, al evitar la descomposición rápida de la materia orgánica, los manglares previenen la liberación de dióxido de carbono y metano a la atmósfera, contribuyendo a mitigar el cambio climático. Este proceso hace que los manglares, y en particular sus sedimentos, sean importantes para el secuestro de llamado carbono azul (carbono almacenado en ecosistemas marinos y costeros).

Las principales amenazas antropogénicas que enfrentan los manglares incluyen la destrucción del hábitat por el desarrollo costero, la contaminación, la explotación no sostenible de recursos, el cambio climático, la modificación de la hidrología, la introducción de especies invasoras, el turismo no sostenible y la fragmentación del hábitat. Estas amenazas han reducido la extensión global de los manglares y amenazan su capacidad para proporcionar servicios ecosistémicos esenciales.

La cuenca del GM recibe grandes cantidades de contaminantes industriales y agrícolas, lo que contribuye a la formación de zonas muertas (áreas de baja oxigenación) como la del delta del Mississippi y ha sido escenario de varios derrames de petróleo significativos, siendo el más grave el de la plataforma Deepwater Horizon en 2010, con severos impactos ambientales.

La expansión de ciudades, la construcción de infraestructuras turísticas y la creación de puertos en zonas costeras han provocado la destrucción directa de manglares que son desecados y rellenados para desarrollar estas zonas. Aunque el turismo puede proporcionar ingresos para la conservación del manglar, si no se gestiona sosteniblemente puede llevar a su degradación pues puede ocasionar la contaminación de las aguas circundantes.

La deforestación para la conversión de zonas de manglar en tierras de cultivo o para ganadería es común en muchas regiones tropicales. La tala no sostenible para usar la madera en la construcción, como leña o para la producción de carbón puede llevar a la degradación o desaparición de los manglares. Las descargas de aguas residuales no tratadas, así como las escorrentías agrícolas cargadas de fertilizantes y pesticidas, contamina los manglares, afectando su biodiversidad y productividad. Esto puede llevar a la eutrofización de las aguas costeras, lo que disminuye el oxígeno y afecta la fauna marina. Cada vez son más comunes los florecimientos algales nocivos lo que, junto a los derrames de petróleo, la acumulación de plásticos y otros desechos contaminantes han tenido efectos devastadores en la fauna y flora marinas y en la cadena alimentaria de la que depende todo el ecosistema.

El cambio climático está provocando el aumento del nivel del mar, lo que puede inundar permanentemente los manglares y forzarlos a migrar hacia el interior. Sin embargo, en muchos casos, la migración de los manglares está limitada por la presencia de infraestructuras humanas (carreteras, edificios, etc.), lo que lleva a su desaparición.

Las consecuencias de estas alteraciones se reflejan en la pérdida de biodiversidad, la disminución de su capacidad de secuestro de carbono y el aumento de la vulnerabilidad costera. La contaminación y la pérdida de biodiversidad están interconectadas. La disminución de especies afecta la salud del ecosistema y su capacidad para recuperarse de la contaminación. La conservación y gestión sostenible son esenciales para proteger este valioso ecosistema.

En la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Autónoma de Yucatán se trabaja en el desarrollo del proyecto “Programa de acción estratégico del Gran Ecosistema Marino del Golfo de México”, financiado por The Global Environment Facility (gef), asistido por The United Nations Office for Project Services (UNOPS) y tiene entre sus objetivos la implementación de programas de educación comunitaria enfocados en el manejo de las aguas residuales domésticas y  los desechos sólidos, en comunidades costeras de los estados de Veracruz, Campeche y Yucatán. Las ricas experiencias vividas en estas comunidades, el apoyo y entusiasmo de sus pobladores y su interés en la recuperación y preservación del manglar serán presentadas en las próximas comunicaciones. 

Fuentes consultadas: 

https://foroalc2030.cepal.org/2022/sites/foro2022/files/presentations/porifirio_alvares_agenda_item_4.b_presentation.pdf Consultada el 09/09/2024

https://simar.conabio.gob.mx/gomx. Consultada el 17/09/2024

https://gulfmexico.org/es/ Consultada el 18/09/2024

https://gomlme.iwlearn.org/es/ Consultada el 23/09/2024

Toledo Ocampo A., y L. A. Soto, 2014. El Gran Ecosistema del Golfo de México: marco conceptual. p. 1-36. En: A.V. Botello, J. Rendón von Osten, J. A. Benítez y G. Gold-Bouchot (eds.). Golfo de México. Contaminación e impacto ambiental: diagnóstico y tendencias. UAC, UNAMICMYL, CINVESTAV-Unidad Mérida. 1176 p. ISBN 978-607-7887-71-3.

 

Articulo en colaboración con:

Autor: Rafael Rojas Herrera, Diana Cabañas Vargas, Erick Aguilera Cauich y Mariana Martín López

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