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Hidrógeno y cambio climático
Hidrógeno y cambio climático en la nueva transición energética. Nuevas investigaciones advierten que sus emisiones pueden intensificar indirectamente el cambio climático al prolongar la presencia de metano en la atmósfera
Hidrógeno y cambio climático en la nueva transición energética

Hablar de hidrógeno y cambio climático implica revisar una de las discusiones más relevantes de la transición energética actual. Durante años, el hidrógeno ha sido presentado como uno de los recursos más prometedores para avanzar hacia una economía baja en carbono.
Su capacidad para generar energía sin emitir dióxido de carbono en el punto de uso lo convirtió en una pieza estratégica dentro de los planes internacionales de transición energética, especialmente en sectores donde sustituir combustibles fósiles sigue siendo técnicamente complejo, como la industria pesada, el transporte marítimo o la aviación.
Pero a medida que su desarrollo avanza, también lo hace el conocimiento sobre sus efectos secundarios. Y uno de los hallazgos más recientes apunta a una paradoja climática: aunque el hidrógeno no es un gas de efecto invernadero directo, sus emisiones pueden modificar procesos químicos atmosféricos y reforzar indirectamente el calentamiento global.
Un estudio del Global Carbon Project señala que las emisiones de hidrógeno han crecido de forma sostenida desde 1990 y que en 2020 alcanzaron cerca de 27 millones de toneladas anuales. Parte de ese aumento se explica por fugas industriales, sistemas energéticos y por el propio incremento del metano en la atmósfera.
Una molécula ligera con impacto atmosférico

El hidrógeno es la molécula más ligera que existe en la naturaleza. Esa condición le da ventajas energéticas, pero también explica uno de sus mayores desafíos: su facilidad para escapar.
Puede filtrarse en ductos, válvulas o depósitos si no existe infraestructura diseñada específicamente para contenerlo. Aunque esas pérdidas sean pequeñas, su acumulación atmosférica empieza a adquirir relevancia climática.
El problema no está en que el hidrógeno atrape calor como lo hacen el dióxido de carbono o el metano, sino en que reacciona con el radical hidroxilo (OH), una molécula esencial para la limpieza natural de la atmósfera.
Cuando esto ocurre, disminuye la capacidad atmosférica para degradar metano, uno de los gases más determinantes en el calentamiento de corto plazo.
El metano: una reacción en cadena silenciosa
Según la International Energy Agency, el metano explica cerca del 30 % del aumento de temperatura registrado desde la Revolución Industrial.
Proviene de la extracción de petróleo y gas, la actividad agropecuaria, residuos urbanos y diversos procesos naturales. Pero además, al degradarse, genera hidrógeno.
Esto crea una relación de retroalimentación: más metano produce más hidrógeno, y más hidrógeno dificulta la eliminación del metano.
Una energía limpia que exige precisión

El hallazgo científico no cuestiona el papel del hidrógeno como alternativa energética, pero sí subraya la necesidad de controlar cuidadosamente su manejo.
Uno de los principales retos está en evitar fugas durante producción, almacenamiento, transporte y distribución. Debido a su tamaño molecular, incluso pequeñas pérdidas pueden alterar el balance climático.
Hasta ahora, cerca del 70 % del hidrógeno atmosférico es absorbido por microorganismos presentes en el suelo, que funcionan como un sumidero natural. Sin embargo, la expansión de la economía del hidrógeno podría exigir vigilancia mucho más precisa, porque esa capacidad natural no es ilimitada.
Hidrógeno y cambio climático en México

En este nuevo escenario, México comienza a posicionarse como un país con condiciones favorables para desarrollar hidrógeno verde, aunque todavía en una fase inicial frente a economías más avanzadas.
Regiones como Sonora, Baja California, Oaxaca y Campeche concentran alto potencial solar y eólico, lo que ha impulsado proyectos orientados a producir hidrógeno limpio para industria y exportación.
Uno de los desarrollos más visibles se localiza en Sonora, donde se proyecta producción de hidrógeno verde y amoníaco con destino internacional.
Sin embargo, el país aún depende principalmente del hidrógeno gris, obtenido a partir de gas natural y utilizado en refinación e industria petroquímica.
Más que una promesa, una responsabilidad energética

Más allá de producir hidrógeno, el desafío está en garantizar que su expansión ocurra bajo infraestructura adecuada, control técnico y regulación precisa.
México avanza en una hoja de ruta nacional impulsada por la Secretaría de Energía, pero todavía enfrenta el reto de consolidar normas, monitoreo y capacidad tecnológica suficiente.
Porque el hidrógeno puede ser parte de la solución energética, pero su verdadero valor dependerá de qué tan bien se gestione aquello que ocurre antes de que la energía llegue a usarse.
En el debate actual sobre hidrógeno y cambio climático, la discusión ya no se limita a producir energía limpia, sino a entender sus efectos atmosféricos con mayor precisión.
La transición energética no solo consiste en cambiar combustibles, sino en comprender con precisión las nuevas huellas que cada tecnología deja en la atmósfera.
Referencias
- Global Carbon Project. (2025). The global hydrogen budget 2025. Global Carbon Project.
- International Energy Agency. (2024). Global Methane Tracker 2024. International Energy Agency.
- Secretaría de Energía. (2025). Hoja de ruta para el desarrollo del hidrógeno en México. Gobierno de México.
- Sociedad Mexicana del Hidrógeno. (2024). Perspectivas del hidrógeno en México y su desarrollo tecnológico. Sociedad Mexicana del Hidrógeno.
Revista Edición 16, presentada durante ECOMONDO México del 14 – 16 de abril 2026, Expo Guadalajara, Jal.






