Zarigüeyas: Esenciales para el mantenimiento de los ecosistemas

Autor: Biosfera | Didier Madera
Autor: Biosfera | Didier Madera

Pese los numerosos beneficios que aportan las zarigüeyas al medio ambiente y a la humanidad, actualmente, al menos en la Península de Yucatán es la especie más atacada por las personas, comportamiento que empieza a cambiar, debido a las acciones de protección realizadas por diversas asociaciones protectoras de los animales.

Diversas culturas mesoamericanas destacan el rol que tuvo esta especie para el desarrollo del hombre, pues fue la que les proporcionó el fuego, mientras que para los mayas fue representada como la madre prolífica y resistente.

Sin embargo, con el paso del tiempo pasó del mito al olvido, y lo peor de todo, por su aspecto empezó su exterminio, principalmente en las ciudades.

Afortunadamente, en las últimas tres décadas, en Mérida aparecieron diversas organizaciones que se abocaron a evitar el daño a las zarigüeyas, conocidos en el centro del país como tlacuaches, entre las que destacó la Asociación por los Derechos de los Animales en Yucatán (ADAY), a cargo de Rosario Sosa Parra (+).

Las zarigüeyas son esenciales para el mantenimiento de los ecosistemas porque ayudan a controlar poblaciones de roedores, pequeños reptiles, anfibios e invertebrados, además de que son efectivas dispersoras de semillas que favorece la expansión de la vegetación, señaló el especialista de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Antonio Ortega Pacheco.

Explicó que es un marsupial de la familia de los didélfidos y el único representante de su especie en América. Sin embargo, no es un animal apreciado, sino perseguido y maltratado, pues se considera dañino.

Afirmó que en los últimos meses se han presentado casos de maltrato a este animal que es de gran beneficio para el medio ambiente porque es depredador de varios insectos como el pic (transmisor del mal de chagas), así como de serpientes venenosas.

En entrevista, el responsable del Departamento de Salud Animal y Medicina Preventiva de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, indicó que estos marsupiales han aprendido a adaptarse a los entornos urbanos y vivir cerca de espacios poblados.

Si bien estos animales son inofensivos, indicó, culturalmente han sido estigmatizados y son atacados en espacios rurales y metropolitanos, acotó.

Informó que el mal llamado “zorro” es más benéfico de lo que uno se imagina, pues consume cucarachas, alacranes, ratones, serpientes, entre otras plagas, además que dispersas semillas.

En ese sentido, pidió “no agredir a esta especie”, ya que es un animal pacífico, tímido y solitario, que ha cambiado de hábitat debido a la urbanización.

Además, señaló que es necesario conocer que los residuos sólidos son su fuente de alimento, por eso es necesario mantener la basura de las viviendas en un recipiente bien tapado para que no se sientan atraídas.

“También es muy importante que se evite alimentar estos animales y tampoco se debe atraerlas y quitarles la aversión por los humanos, porque se pueden generar problemas zoonóticos”, advirtió.

Para el especialista es importante que la población sepa que las zarigüeyas no quieren atacar a los humanos, solo se acercan porque buscan alimento y refugio, por lo que recalcó que “ellas cumplen labores fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas, por eso es necesario protegerlas”.

Estudios científicos han probado su resistencia incluso al veneno de serpientes y alacranes, además que es útil contra el mal de Chagas y no transmite la rabia.

Señaló que este animal es de hábitos nocturnos y de naturaleza arborícola, aunque es trepador, por sus características físicas, ya se ha adaptado a todo tipo de terreno, obligado, principalmente por la urbanización del hombre que ha destruido su hábitat.

Por ende, se refugia en cuevas o madrigueras profundas de las que sólo sale por las noches en busca de alimento. En Yucatán la especie más común es la zarigüeya de Virginia, que se distingue por el hocico pronunciado y lampiño, el pelo hirsuto y oscurecido y la cola calva y escamosa.

Estos animales carecen de recursos efectivos de defensa, los cuales se limitan al silbido o gruñido que emite con el hocico y al aroma que expulsa al ser atacada; otro de ellos es fingirse muerta.

Los estudios científicos han demostrado su resistencia a la rabia, lo que se atribuye a su baja temperatura corporal (entre 34 y 37 grados centígrados), por lo que también es inmune al parvovirus y la hepatitis felina. Además, se ha observado que puede engullir serpientes venenosas sin que le afecten las toxinas de esos animales.

La destrucción de su hábitat de este animal lo ha obligado a luchar contra un medio ambiente hostil, ya que a falta de bosques y montes, ha tenido que buscar su sustento en los basureros o en lo profundo de los patios de casa y unidades habitacionales, por eso ha sido considerado, injustamente, parte de la “fauna nociva”, perseguida y tratada cruelmente con acciones que rayan en lo irracional.

Desafortunadamente, prevalece una fobia a las zarigüeyas, por lo que son lapidadas o tundidas a palos, e incluso, las cuelgan de cabeza para seguirlas apaleando, y lo peor de todo, las mutilan o queman, por lo que es común verlas muertas en medio del camino”,

Indicó que esta especie ha sobrevivido más de 60 millones de años, sin experimentar cambios notables en su fisonomía.

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